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martes, 28 de noviembre de 2017

Sin título, Capítulo I. 07/15/2014

La tina, el agua helada, las luces semicortadas, la cuchilla en el lavabo, el arma haciendo esquina a las manillas que modifican la temperatura del agua de la tina y yo, desnudo, detallando mi palidez en el reflejo del espejo sobre el lavabo.
Ya no comprendía. La vida parecía ir en mi contra, y mi yo interno no paraba de pisotearme. Estuve a punto de colapsar, por mi mente pasaban las mil y un formas de morir. Desde salir en pellejo al patio de la casa y morir de hipotermia, hasta sólo encender la casa conmigo dentro. Quería morir de toda forma, ahogada, incendiado, de hipotermia, incluso con la circulación cortada.
Comencé a desesperarme así que decidí simplemente adentrarme al agua helada de la tina, para relajarme. Sumergí mi cuerpo en las masas de agua y asomé la cabeza para respirar. Entrecrucé mis manos con mi cabello negro suavizando las ondulaciones. Recorrí los espacios de mi cuerpo por última vez e incluso llegué una vez más a “La petite mort”
Era como un éxtasis, secreciones blancas dispersas y mis brazos agotados del movimiento. Ya no puedo conmigo mismo. En ese preciso momento comprendí que el único que podía salvarme, era yo mismo. No iban a ser psiquiatras, amistades, familiares, yo tenía que socorrerme a mí mismo.
A pesar del efímero placer, no lo aguanté más. Tomé el arma que hacía esquina, y poco a poco la metí en mi boca. Respiré profundo, y dije a mis adentros: -¿Qué hay sobre la reencarnación?

Apreté ligeramente el gatillo, y una vez que penetró toda mi garganta, sólo se escuchó un bebé llorar.

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