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lunes, 15 de septiembre de 2014

Los campos lloran


Ocurrió un homicidio. Era una delicada alma, envuelta en su misma población.  Era igual, pero a su vez distinta.
Habían muertes en los cambios de estación,  unas prematuras, otras al instante. Las nubes perplejas, tenían un pacto con aquellos peculiares pobladores, en el que sollozaban a través de la luminosidad y obscuridad del resplandesciente valle, lleno de toda esta cantidad de pobladores alegres, pero a su vez tristes al huir la luz.
Sus articulaciones, en sí,  cada parte que conformaba aquella Anatomía verdosa que pedía a gritos el llanto de las nubes para hundirse en la recolecta de agua; eran tan solo ramas, tallos, una estructura rica en clorofila.
¿Cómo hablar de belleza entre tantos pobladores, gustos y colores? El valle estaba rico en subjetividad.
Cada rama buscaba formar parte de los entes etéreos que solían descansar en  los cúmulos de gotas de agua evaporada. Incluso, su crecimiento era gracias a la maravilla, fortuna de tener aquellos destellos, rayos en forma de guía que provenían de la gran estrella de fuego, dominante en la Vía Láctea.
Algunos pobladores eran tomados por especies ajenas, con cuerpos extraordinarios,  pero sin gozar de ser autótrofo.

- "Y mariposa, ¿qué sería de mi existir sin tu maravillosa existencia? Si tus alas de color azul celeste, que se combinan con la transparencia del cielo, se desvanecieran.
Ya no me librarías, no dejaras mi estela por el valle con tu capacidad de sin ser ave, ser dueña de los aires, de aquel cielo teñido de color, como obra de arte.
Eres una venus que goza de mi néctar y pule mi ser.
He de admitir que aquel ser que aturde nuestra intimidad, suele hundirse en la desdicha de ser heterótrofo, pero, ¿por qué querida? ¿por qué no puede crecer sin dejar destrucción tras de sí? ¿por qué ha de quererme separar de ti?

Aún quedan muchos hijos por nacer"-.

Sin embargo, ha ocurrido un homicidio.
Ella se perdió en el ambiente con sus tonos celestes, se esfumó por los aires. No hubo gritos, solo savia correr, y una sonrisa posada en una jovencita de cabellos largos y pelirrojos, mientras el poblador se confundía en el intenso mar de su cabellera, de su nueva presunta asesina.

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