Era temprano, muy temprano por la mañana. Un día en el que el sol jugueteaba entre la comisura de aquella colina a unos metros de casa. Mi querida Sofía ya había preparado un maravilloso café el cual su aroma se colaba por la puerta del estudio en el que yo estaba, mirando tras la ventana.
Estaba feliz: aves cantar al unísono, hojas de árboles refunfuñando por la invasión de las ardillas en las ramas, el melódico sonido del río balancearse por la colina, el agua juguetear entre sus piedras y flora, y desembocar frente a casa.
Y con un deseo notorio en mis ojos, Sofía con la puerta entre cerrada:
"Mi amor, hace frío fuera".
Pero, si tan solo es un diecisiete de mayo.
El tocadiscos parecía conocerme también, y sin más, "In a Sentimental Mood" inundaba los pasillos de mi casa y se combinaba con el olor de un cortado recién hecho.
-Y el contrabajo sonar.
Vaya suerte la mía.
¿Es así como se ha sentido todo este tiempo?
-Ahora el piano
¿Han sido así de maravillosos los días tal y como las noches en las que reinaba nuestra intimidad?
-Una trompeta excitada
Pero la pregunta más importante:
¿Tanto has alegrado mi vida en su transcurso?
Has sido fortuna en el infortunio, querida Sofía.
Le doy un beso, sin preguntar.
"Vaya vaya, alguien está feliz hoy".
¿Cómo no estarlo, mi amor?
Es escurridiza, de nuevo me hace pensar que no tengo cincuenta y seis años, y que sigo joven, lo suficiente como para tomarla y reanimarla.
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