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sábado, 26 de julio de 2014

Yo sólo veía como ella hacía su recorrido tras la ventana, como jugueteaba sobre las hojas, empapaba pieles, y actuaba como rocío en flora. 
Actuaba como prisma y proyectaba luces de color. Tenía aquella transparencia que causaba en mí cierta paz.
Era moldeable, de tacto.
Veía desde mi cama con los ojos semicerrados, como ella me saludaba; me componía, ella era vida.
De algodones se liberaba, de la tierra surgía. Ella era todo lo que podía visualizar desde mi cama, se había apoderado de mi paisaje.
Eso era todo lo que veía, cada uno de sus trayectos tras la ventana.
Irónica su acción de entristecer el ambiente con su bella transparencia, alegría tras su liberación.
Eso era ella: lágrimas del sol, en su anhelo hacia la luna. 

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