No sé si tan solo era un presentimiento, o qué demonios, pero sentía que el sentimiento se desvanecía, y no exactamente por mi parte. Era casi etéreo, y yo no podía soportarlo más. Quería de regreso la calidez de tus texturas, el dulce champán de tus labios, y extraviarme de nuevo en la forma de tu mirar. Lo que más me enloquecía era quererte tanto, y que no fuese ambiguo.
Parecías cada vez más distante, y la verdad es que sin más, sabía que anhelabas otra cosa mucho más que yo, sin embargo no sabía qué era aquello. Cuando te hablaba de temas importantes para mí, no mostrabas interés, ya no me escuchabas.
Eran ruido tus palabras en mis oídos, y pensar que alguna vez fueron melodía.
No comprendía, quizás yo también había dejado de quererte momentáneamente, sólo para no romperme en pedazos cuando me dijeras que ya no me querías.
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