Escucho los grillos y solo hay un diamante en el cielo iluminándome de esta obscuridad.
Los árboles golpean sus hojas fuertemente queriendo despertarme de esta real pesadilla.
Las opciones se reducen, el metal luces tan espeluznante, y me pide a gritos que lo coja.
La nicotina desprendida en el aire, restos de botellas rotas en el suelo, licor derramado.
Sólo queda el homicidio, la bala en mi boca y el arma echándome la culpa.
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