Quizás debí hacer como esas mujeres de la "nueva sociedad" que desahogan sus penas en un Spa junto a la estilista, o se van por semanas a un lujoso hotel con playa privada. ¿Pero qué sentido tiene?
Sólo necesito un respiro.
Vivo sola, me la paso la mayor parte del tiempo en un laboratorio analizando los agentes contaminantes del derrame que hubo en el Golfo de México hace unos años atrás, provocando la muerte de muchos de los familiares de Paul y su traslado a Canarias. Touché, definitivamente necesito la llave de la jaula.
Paul es una Tortuga de Baleares a la que logramos rescatar en las Costas del Sur de Canarias, junto a otras, pero estas no lograron sobrevivir ante la tragedia. No será devuelta a su hogar hasta estar completamente rehabilitada y las aguas hayan sido tratadas. Es un proceso bastante complejo y a veces solo siento que mi mente no deja de estar truncada.
En fin, puse en pie mi coche, un Honda Jazz color negro bastante bonito. Recorrí las calles del Norte buscando un sitio que dijese: ¿A dónde va usted? ¿Se siente amotinada? ¡Venga y siéntese! No siga perdiendo su tiempo.
Sí, bastante creativa yo. Eran aproximadamente las siete treinta y noté un bar a unas cuadras, así que no lo pensé dos veces, y aparqué. Me adentré al tranquilo "Bar Depende", me senté en la barra y pedí un Vino Pampas del Sur Tinto, algo suave para no acelerar la embriaguez. Cabe destacar que me sentía como una señora mayor en eventos de adolescentes ebrios y desorientados.
En fin, el chico de la barra me comentó luego de servirme la segunda copa, que al transcurrir unos minutos, empezaría la función de un grupo el cual le haría un homenaje a los "Iconos del Jazz".
Pensé: -Interesante, grupo de afroamericanos, con su música negra, qué emocionante. Evidentemente no me llamó la atención, era solo mi parte apática y nada cultural adueñándose de mí.
Sinceramente no tenían algún plan dentro de mi lista, lo único que quería era zafarme, distorsionar la rutina. Pasaron diez minutos y yo ya iba por la cuarta copa, definitivamente Giulietta Masina me hubiese visto y me hubiese abofeteado. Sin pensar más, decidí ir al tocador, era necesario verificar que no tenía cara de "Mujer que quedará solterona de por vida". Con la pinta que cargaba ese día, estaba totalmente segura que ni el mesero se me acercaría a tomarme la orden, así que lo único interesante es que mis ojeras no estaban tan pronunciadas a como yo esperaba tras haber pasado parte de la noche limpiando el estanque de Paul, y alimentándolo.
Una vez que salí, no pudo faltar que saliera mi pie izquierdo, y mi torpeza a arruinarme la -no tan mala noche- que estaba teniendo. Tropecé con un chico bastante atractivo. Analizando su físico rápidamente, un moreno de 1.83 aproximadamente, con unos ojos color tamarindo, oh vaya estereotipo lleno de lujuria. No sé por qué demonios estaba en traje, sin embargo me disculpé, obviamente sintiéndome como tremenda tonta, y desbozó una sonrisa pícara que como cosa rara, me hizo sonrojar. Qué pena.
Regresé a la barra como perro con su cola entre las patas, y con una ilusión en la cabeza de que este trozo de carne, manjar, presente de los Dioses, monumento, se fijara en una paliducha, de 1.65 aproximadamente.
Yo sigo diciéndome a mí misma: -Definitivamente, sus padres lo hicieron con amor. ¿Quién será este chico? ¿Me habré visto tan patética? ¿Y esa sonrisa qué desbozó? ¡Mi madre, qué encantador! ¿Por qué habrá estado en traje? ¿Tendrá algo que ver con el grupo de música negra? Qué extraño.
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